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Gestión6 min de lecturaAndi Arapi
Qué caduca en un desfibrilador, y cuándo
Un desfibrilador no se rompe: caduca. Y caduca a trozos, en momentos distintos, con fechas impresas en etiquetas que nadie mira hasta que hacen falta.
Tres relojes, nunca sincronizados
Las partes de un DEA que llevan fecha son tres, y cada una va por su cuenta. Los parches adhesivos llevan el gel conductor, que se seca: una vez abiertos no hay vuelta atrás, y cerrados duran unos años desde su fabricación. La batería tiene una vida propia, más larga pero no infinita, y la declarada vale para un equipo en espera, no para uno que se ha usado. La revisión visual no es un recambio, pero sí es un vencimiento real: es el momento en que alguien mira el indicador de estado y comprueba que la vitrina está intacta.
Los números exactos los da el manual del modelo, y cambian entre un Philips y un Zoll. Lo que no cambia es la forma del problema: tres fechas distintas que nunca coinciden, en un objeto que nadie toca durante meses.
Ahí está la trampa. Un DEA revisado en abril puede tener los parches bien y la batería a dos meses del final. Quien miró en abril vio una luz verde y cerró la vitrina: la luz dice que el equipo funciona ahora, no que vaya a funcionar en septiembre.
Datos
La vida de un equipo, estirada
Duraciones típicas de un DEA en espera. Los meses exactos dependen del modelo; la forma, no.
Pasa el ratón por una marca — o llega con el tabulador — para ver el detalle.
Fuente: Duraciones declaradas en los manuales de los modelos más extendidos
El registro es el sistema
Todo lo que hace falta para gestionar un desfibrilador cabe en una fila por equipo y una fila por revisión. No hace falta un software para entenderlo: hace falta para no olvidarlo.
La diferencia entre una hoja de cálculo y un sistema es una sola: el sistema avisa antes. Una lista de fechas le sirve a quien la abre; una fecha que vence en silencio dentro de un archivo que nadie abre desde hace ocho meses no ha ayudado a nadie.
- Identificación: marca, modelo, número de serie, dónde está exactamente (no «el gimnasio», sino «entrada del gimnasio, pared derecha»).
- Caducidad de los parches, y por separado la de los parches pediátricos si los hay.
- Caducidad de la batería, con la fecha de instalación: sirve para saber si la vida restante es la declarada.
- Fecha de la última revisión visual y quién la hizo.
- Registro de usos: tras cada empleo real, parches y batería se consideran para sustituir.
- Un responsable con nombre y apellidos. Un equipo del que responde «la administración» no es responsabilidad de nadie.
El coste de equivocarse no es simétrico
Cambiar los parches con antelación cuesta unas decenas de euros. No cambiarlos cuesta un equipo que, en el momento en que hace falta, pide pegar dos electrodos que ya no conducen.
Por eso un buen calendario no apunta a la fecha de caducidad: apunta a unas semanas antes. El margen sirve para pedir el recambio, recibirlo y montarlo sin que el DEA quede descubierto mientras tanto.
Para llevarse
- Los vencimientos de un DEA son al menos tres y nunca coinciden: un solo aviso al año deja meses al descubierto.
- La luz verde dice que el equipo funciona ahora, no que vaya a funcionar dentro de seis meses.
- Tras cada uso real, parches y batería se consideran gastados al margen de la etiqueta.
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